| O AMOR Y DUELO NO RESUELTOS Por Guillermo Esponda Rached  Muchas personas viven un amor fracasado con tal persistencia, que una vida entera no les basta para superarlo. Enviudan sin que se les haya muerto nadie, y, con las heridas abiertas, recuerdan día a día los detalles de su pasión truncada, como si los sucesos hubiesen ocurrido ayer. Clavados en un duelo no resuelto, mantienen un luto eterno que les impide respirar aire fresco y despejar la nostalgia. Convertidos en estatuas, miran sólo hacia atrás, mientras dejan pasar nuevas oportunidades de formar pareja. Aferrados a una relación amorosa que hace rato ya murió, son incapaces de dar vuelta la hoja para vivir el presente y el futuro. A pesar de sí mismos, se quedan pegados emocionalmente en el pasado, no completan la relación que definitivamente ya no está ocurriendo en el presente. Cuando se está enfermo de otro, obsesionado y desesperado perpetuamente por una relación que ya tuvo final, es fácil que los sentimientos puedan confundirse. Así, podemos creer que es amor lo que quizás sea más bien tristeza infinita o rabia por el abandono, o culpa por sobrevivirlo, o miedo al vacío, o una manera de vengarse por la traición y el daño recibidos. Quizás simplemente sea nuestro ego , que se niega a admitir una derrota. Nos cuesta tolerar que las cosas no salgan de acuerdo a lo planeado, o quedamos atragantados con tantas palabras y sentimientos que nunca lograron ser expresados,que de no ser expresados rondarán por nuestra mente a cada momento. Orgullosos, nos es difícil soportar que el otro viva feliz sin nosotros, menos aún aceptar que tal vez desaparecimos de su vida sin dejar rastro. También puede ser un exceso de lealtad a una historia vivida con intensidad frente a una pérdida lamentable, o una forma particular de hacerle un homenaje a quien se quedó con nuestras ilusiones. O quizás sean profundas añoranzas de los buenos momentos, o expectativas falsas a las cuales seguimos apegados, o una inmensa tristeza por todos los sueños que se nos han desmoronado. Tal vez sean heridas de la infancia o asuntos no resueltos del pasado. Los duelos toman tiempo. Pero si nos convertimos en viudos del amor, necesitamos entender que lo único real es que ese amor ya no está con nosotros y que somos nosotros mismos quienes lo mantenemos vivo al no completar la relación .De alguna manera, estamos viviendo,lidiando con ideas del pasado, negando el presente ,negándonos a nosotros mismos, negándonos la posibilidad de avanzar estancándonos en el pasado. El secreto para salir del laberinto de la añoranza consiste en saber darse por vencido. Si se deja de insistir y nos retiramos, inevitablemente se extinguirá la pasión que desde hace mucho sólo habita en nuestra mente, en nuestra fantasía, si dejamos ir a nuestro antiguo amor, dejaremos espacio libre para que algo o alguien extraordinario llegue a nuestra vida, de otra manera nos quedamos llenos sin ninguna posibilidad de dar entrada a lo nuevo, nos quedamos sin fluir con la vida y nadamos contra su corriente. Aceptar y reconocer lo que hubo y lo que no hubo en la relación sería un buen inicio para crear un nuevo espacio y no vivir en el luto eterno. Se requiere mas que voluntad para dejar ir la tristeza que nos acompaña en esos momentos. Renunciar a la nostalgia, llorando lo que tengamos que llorar, expresando lo que tengamos que expresar y regresar al presente de nuestras vidas y construir nuestro presente y futuro, en lugar de añorar lo que fue y lo que no fue. Congelados, no permitimos que otros fuegos enciendan nuestra alma.Dedicamos demasiadas energías a esconder el corazón destruido, transformándolo en un escudo impenetrable. No desperdiciemos nuestra enorme capacidad de amar y abramos las puertas a nuevas presencias. Pero hay que tener cuidado por que el dolor distrae y se puede convertir en costumbre, además hay que asegurarnos que realmente hemos completado con nuestra antigua relación para no arrastrarla a una nueva, quien sabe si sea muy cierto eso de que un clavo saca otro clavo. Despedirse de nuestro amor, llorando lo que hay que llorar y expresándonos puede ser un buen camino para crear un nuevo espacio, estando listos para lo que siga. Despedirse del amor agotado y marchito, y mirar hacia delante, enterrar a nuestros muertos y dejarlos descansar en paz, pueden ser un camino para crear un espacio para que algo extraordinario ocurra en nuestras vidas y dejemos de dedicarle tiempo al sufrimiento. guillermo@educre.com |